Santiago de Chile, Domingo 30 de noviembre de 2003, actualizado a las 6:37 hrs.
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SAMUEL P. HUNTINGTON Académico y cientista político:
Nosotras, las civilizaciones...
Domingo 30 de Noviembre de 2003
Patricio Tapia









En una breve visita a Chile, el destacado analista y profesor en Harvard participó en diversos seminarios, comentando sus anteriores teorías sobre el "choque de civilizaciones" y sus nuevos estudios sobre el resurgimiento de la violencia religiosa en el mundo.



PATRICIO TAPIA

En 1919, Paul Valéry comenzaba un célebre ensayo diciendo: "Nosotras, las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales". Para el poeta francés, la Primera Guerra Mundial fue una clara demostración de que Europa era capaz de suicidarse. Transcurrieron más de setenta años hasta que, poco después de la guerra del Golfo, el cientista político estadounidense Samuel Huntington señalara en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs de 1993 que las civilizaciones también podían sufrir una colisión. Esto no sólo no era un recordatorio de lo ocurrido antes (lo que era innecesario) ni un diagnóstico de lo que ocurría entonces (algo más bien obvio), sino un pronóstico del futuro. Según él, los grandes estallidos de violencia del siglo XX habían ocurrido al interior de las civilizaciones, pero de ahora en adelante serían entre ellas, y no por razones económicas o políticas, sino culturales. Sus primeras conclusiones, mientras comenzaba la escalada de guerra en la antigua Yugoslavia, generaron un amplio debate, que concluida la guerra en Bosnia-Herzegovina cristalizó en un libro publicado en 1996, dándole, de paso, figuración universal más allá del ámbito académico. El ataque a las Torres Gemelas, la posterior guerra en Afganistán contra el gobierno talibán y la reciente ocupación de Irak han vuelto a colocar en un primer plano sus postulados.

Aprovechando la breve visita a Chile del profesor Huntington, es que se acordó una conversación con él en el Hotel Hyatt.

Su estilo, que gusta de frases absolutas y argumentos tan polémicos como tajantes, haría pensar en alguien de presencia física más imponente. Huntington es más bien alto, pero muy delgado. Parece frágil y distraído. Al contactarlo, la diferencia entre civilizaciones tiene entonces su primera manifestación: contra lo esperado, no hay intérprete. El choque de los idiomas. La situación me obliga a plantearle las preguntas en un inglés balbuceante e impropio, pronunciado con la elegancia de Tarzán. En todo caso, el temor de no entenderle sus respuestas se diluye de inmediato, pues más de cincuenta años de hacer clases lo llevan a expresarse de manera clara y calmada, con una voz algo tímida y un poco nasal. Ya avanzada la conversación, una ejecutiva del hotel, Janka Sipkova, alertada de la falta de traductor, amablemente permitió formularle de manera menos primitiva las últimas preguntas.

- Desde sus primeros trabajos ha planteado que Estados Unidos requiere servicios de inteligencia y militares que piensen en términos negativos, casi trágicos. Por otra parte, frente a las ideas optimistas de Fukuyama, su visión del futuro es más bien oscura. ¿Es usted una persona pesimista?

"Me gustaría pensar que soy realista más que pesimista. Pienso que la historia de nuestra especie demuestra que los seres humanos regularmente han estado en situaciones de guerra, violencia, odio y otras actividades criminales. Es cierto que sólo una pequeña minoría se dedica a ellas, pero existen y tienen un profundo impacto en las distintas sociedades. Es poco realista no reconocer este hecho. Por lo que no puedo estar de acuerdo con mi buen amigo y ex-alumno Francis Fukuyama de que la historia está llegando a un final y que el futuro será pacífico".

- ¿Pensó que su artículo de 1993 tendría una repercusión semejante a la que tuvo?

"El artículo fue publicado hace 10 años. Efectivamente, llamó mucho la atención y creó una gran cantidad de controversia. Esa fue la razón por la que publiqué el libro posterior, hace ya 7 años".

El libro

Huntington se refiere a El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, de 1996, libro en el que amplió y extremó lo sostenido en 1993. Con un discutible concepto de civilización - señala como tales hoy: la china, japonesa, hindú, islámica, ortodoxa, occidental, latinoamericana y posiblemente la africana- , tiene sus mejores momentos al tratar la relación entre el comportamiento actual de ciertos países y antiguas rivalidades de orden cultural. De esta manera, la explicación según su esquema es muy persuasiva al tratar los problemas de Turquía frente a la Unión Europea, pero lo es menos ante el comportamiento de Estados Unidos en Bosnia.

A todo esto, mientras conversamos, comienza a circular mucha gente a nuestro alrededor. Es cierto que Huntington es toda una celebridad, pero la causa es otra: al menos dentro de la civilización latinoamericana (y probablemente en la occidental de Huntington) los cantantes son más famosos que los académicos y resulta que Ricky Martin acababa de llegar al hotel.

- La discusión sobre su tesis continúa hasta hoy. No sé si conoce dos artículos recientes en revistas prestigiadas: uno, en "International Studies Perspectives", dice que sus ideas son una externalización de lo observado al interior de Estados Unidos; el otro, en "Foreign Policy", que la verdadera diferencia entre Occidente y el Islam no está dada por el tema de la democracia, sino por la igualdad de los sexos.

"Desconozco el primer artículo que menciona, pero, en todo caso, no pensaba eso en absoluto. Lo que yo buscaba era entender las condiciones en que estaba el mundo a comienzos de los años 90 y cómo se configuraría la política mundial después de la Guerra Fría. De suerte que mi preocupación no tenía nada que ver con la situación interna de los Estados Unidos. Ahora bien, es indudable que existen diferencias entre culturas también al interior de los Estados Unidos, entre los muchos grupos étnicos y raciales que allí existen, pero estos grupos diversos también comparten una cultura norteamericana y occidental común".

"En cambio, sí conozco el otro artículo que menciona. Y estoy de acuerdo con él. Los conflictos políticos e ideológicos son más bien un fenómeno del siglo XX (los surgimientos y caídas del comunismo, fascismo, socialismo, etc.), pero la época de la competencia entre tales ideologías políticas está básicamente terminada. La competencia ahora se da entre diferentes culturas y civilizaciones. El argumento de ese artículo se basa en diferencias de género, en el rol de la mujer en la sociedad, y que en tales asuntos (y otros de su especie) se diferencian la sociedad islámica y la occidental. Creo que es un excelente ejemplo del punto de vista que yo he sostenido. Concuerdo con casi todos los postulados del mismo".

- ¿Podría precisar lo sostenido en su libro en cuanto a la importancia de lo cultural en la política, particularmente la relación entre democracia y cristianismo (en especial el protestante o evangélico)?

"Históricamente, en el mundo moderno, la democracia se desarrolló primero en los países protestantes de Occidente: sus iglesias, de cierta forma, se oponían al autoritarismo de la Iglesia Católica y quienes las integraban favorecieron formas de organización democráticas al interior de las mismas; había, si se quiere, una suerte de control popular de la iglesia. Además, el protestantismo enfatizó la posibilidad de que los individuos estudiaran y leyeran la Biblia de forma personal, en una relación directa con Dios, sin tener que pasar por los sacerdotes. En este sentido, el protestantismo tiene muchos elementos democráticos y es casi natural que esas ideas se aplicaran a la política en los países europeos de esa confesión y, de manera más importante, en los Estados Unidos, que fue prácticamente creado por el protestantismo. Muchas personas vinieron a Estados Unidos desde Europa porque allí no podían practicar su religión. En una nota personal, mis ancestros Huntington dejaron Inglaterra en 1633 y se establecieron en Nueva Inglaterra, donde podían practicar su religión de manera libre".

"Pero si bien la democracia moderna se desarrolló primero en Europa occidental y Estados Unidos, ciertamente desde esos lugares se fue difundiendo por el mundo. En los últimos 30 años se han producido muchas transiciones desde sistemas políticos autoritarios a otros democráticos en Latinoamérica, Europa oriental y algunas partes de Asia (que coinciden, en parte, con el crecimiento en algunas de estas zonas de credos evangélicos). Ahora bien, es cierto que probablemente en cualquier cultura se vuelva necesario alcanzar la democracia y, por otra parte, que India, Israel y Japón funcionan como democracias aunque ninguno de estos países es parte de la civilización occidental cristiana".

Choques y cheques

- ¿No existe algún grado de contradicción entre su argumento de negar la "universalidad" de los valores occidentales - incluyendo la referencia a los derechos humanos- y el defender la existencia de lo que llama una "moral mínima" más allá de la historia?

"Hay ciertos elementos de moralidad que comparten la mayoría de las civilizaciones, proscribiendo determinadas actividades como el asesinato u otras prácticas inmorales; la mayoría también enfatiza como deseable la paz antes que la violencia, la justicia antes que la injusticia y la cooperación antes que el conflicto; también reconocen casi todas las civilizaciones que los individuos tienen una dignidad mínima y merecen un mínimo respeto. Todo esto da cierta base a la idea de que los derechos humanos son universales en cuanto valores. Creo, sin embargo, que es un error que los países occidentales intenten imponer sus valores o sus formas de vida a personas de otras civilizaciones, porque a pesar de que hay cierto acuerdo sobre elementos mínimos de moralidad entre la mayor parte de las personas, también hay muchas diferencias culturales de importancia entre quienes conforman sociedades diferentes. Esto lo vemos todo el tiempo, quizá si más notablemente en la intervención de Estados Unidos en Irak. Está claro que quienes propugnaron esta intervención militar y civil piensan que la cultura y valores iraquíes son muy similares a los estadounidenses. Y esto, simplemente, no es así. Mi punto de vista, en este aspecto, es que no se puede exportar la democracia a países que no han desarrollado una predisposición cultural para ella".

- Si no entiendo mal, su libro planteaba que existirían choques de intensidad menor con el Islam y uno mayor con China. ¿Será así?

"No creo haber hecho una comparación entre el Islam y China en relación a la intensidad del conflicto. Lo que sí sostengo es que son dos civilizaciones que están en ascenso y que llegarán a ser cada vez más importantes en el mundo. La civilización occidental es la dominante y lo ha sido por casi 500 años. En el pasado, sin embargo, el Islam y China fueron civilizaciones dominantes y, en muchos aspectos, superiores a la occidental. Ahora, pienso que en ambos casos - entre los musulmanes y los chinos- hay un sentimiento profundo de que se establecerán como fuerzas mayores en el contexto mundial. De una u otra forma, ambas civilizaciones llegarán a conflictos con la occidental. Está ocurriendo y, creo yo, esto continuará".

- ¿Que opina de quienes sostienen (pienso en el libro
de Michael Klare) que estas guerras
recientes y las futuras son por recursos? El problema sería más que el "choque" ("clash") el "cheque" ("cash") de las civilizaciones.

"No creo que estas guerras sean por recursos. Obviamente Irak tiene grandes reservas de petróleo y es un elemento importante y de cierta influencia. Sin embargo, me parece que el Presidente Bush y otros funcionarios estadounidenses creen que es necesario ir a Irak porque constituye una seria amaneza potencial a la seguridad de Estados Unidos. Yo no estoy de acuerdo con tal juicio, pero la intervención en Irak se fundamenta de manera importante, creo yo, en esa convicción".

Otros temas

Huntington no sólo se ha preocupado del "choque de civilizaciones". Ha escrito sobre relaciones cívico-militares, temas de inteligencia, la globalización y quizá el más importante de sus libros: El orden político en las sociedades en cambio (1968), donde estudia los intentos por lograr la estabilidad en los países en desarrollo, el que tiene una suerte de continuación en La terecera ola (1991), en que estudia los procesos de democratización durante los años 70 y 80.

- ¿Todavía cree que cierto grado de corrupción puede ser un instrumento de progreso, como desliza en "El orden político..."?

"Es una idea sólo insinuada. Apunto que hay diferentes formas de corrupción y que cuando hay muy poca gente que se beneficia con ella, esto puede ser un obstáculo para el progreso. Al desconcentrar los beneficios mediante dosis moderadas de corrupción eventualmente se puede facilitar el progreso económico. Quiero destacar, en todo caso, que esto no ocurre siempre y que en una sociedad es mejor que disminuya a que aumente la corrupción".

- Una tesis fundamental de ese libro es, por otra parte, que no todo va junto (progreso social, crecimiento económico, estabilidad política). ¿Cuál es su visión de lo que pasa en Latinoamérica al respecto?

"Es cierto. En ese libro decía que no necesariamente el desarrollo económico produce estabilidad política. En muchas circunstancias, ciertamente, no ocurre. En cuanto a Latinoamérica, me parece que en la década pasada hubo, en general, junto a cierto progreso económico, un gran avance hacia la democracia. En la actualidad, sólo un país de la región no participa de esta situación, y es Cuba. En muchos países latinoamericanos, con todo, la mayor participación ha creado problemas o estimulado conflictos al interior de ellos: entre las elites y las masas, o manifestando diferencias culturales entre, por ejemplo, descendientes de europeos e indígenas. Creo que Chile, sin embargo, es un muy buen ejemplo de transición exitosa a la democracia, después que el general Pinochet dejó el poder en 1989. En otros países hubo mayores conflictos, donde incluso los líderes elegidos han violado los derechos humanos y excedido su poder".

DATOS

Sobre libros y referencias

El artículo de Huntington aparecido en Foreign Affairs (1993) se acaba de traducir como ¿Choque de civilizaciones? (Tecnos, 2002), acompañado de un texto crítico del arabista español Pedro Martínez Montávez. El libro posterior, también está disponible en español: El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Paidós, 1997). De sus otros libros hay versiones de: El orden político en las sociedades en cambio (Paidós, 1972 y 1997), La tercera ola (Paidós, 1994) y la edición junto a Peter Berger de Globalizaciones múltiples (Paidós, 2002).

Los artículos recientes sobre Huntington referidos en el texto son: "Samuel Huntington and the Geopolitics of American Identity" de Emad El-Din Aysha, en International Studies Perspectives 4-2, mayo 2003; y "The True Clash of Civilizations" de Ronald Inglehart y Pippa Norris, en Foreign Policy 135, marzo-abril 2003.

Por último, el libro de Michael T. Klare mencionado es Guerras por los recursos (en castellano: Ediciones Urano, 2003).

Samuel P. Huntington es Albert J. Weatherbread III Professor en la Universidad de Harvard. Nacido en 1927, estudió en Yale, Chicago y Harvard, donde fue profesor entre 1950 y 1958, luego lo fue en Columbia (1959-1962) para regresar a Harvard. En 1970 fundó la revista "Foreign Policy". Durante 1977-78 se desempeñó como coordinador de planificación en el Consejo de Seguridad Nacional. Entre sus libros destacan: "The Soldier and the State" (1957), "Political Order in Changing Societies" (1968) y "The Clash of Civilizations" (1996).

FICHA

SAMUEL P. HUNTINGTON

"El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial"

Traducción de José Pedro Tosaus Abadía, Editorial Paidós, Barcelona, 1997, 430 págs.

"El orden político en las sociedades en cambio"

Traducción de Floreal Mazia

Editorial Paidós, Barcelona 1997, 404 págs.

"¿Choque de civilizaciones?"

Traducción de Carmen García Trevijano, Editorial Tecnos, Madrid, 2002, 92 págs.